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Photography by Ernesto Bazan
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The First Twenty Years      (Los Primeros Veinte Años)
Los Primeros Veinte Años

Madre de un fotógrafo? Se supone que tengo que decir como se siente ser madre y encima de eso madre de un fotógrafo? "Quoi"? L'etenite" contesta Marguerite Yourcenar en Le Labirinthe du Monde. Su respuesta es inmediata aunque es fuerte. No puedo dar una respuesta que defina lo que es ser madre de un fotógrafo.

Yo se que estoy llorando por dentro cada vez que le digo adiós a Ernesto al frente del elevador en nuestra casa o en un aeropuerto. Cada uno de nuestros adioses es un hasta luego - el me mira sonriendo, su enorme equipaje cargado con su equipo de trabajo y sus ropas blanca y negra como las imágenes que aparecerán en sus negativos, cuando la luz escurrida y coagulada en la película se expande una vez mas en el papel, en el cuarto oscuro.

Recuerdo nuestro adiós en un elevador de un hotel en la Ciudad de México. Era el primer año de su vida en Nueva York. Las vacaciones que tenia se habían acabado y tenia que regresar. Le hubiera gritado:"Quédate con nosotros, vuelve a Palermo. Termina la universidad. Te faltan solamente unas cuantas asignaturas, podrías enseñar en el DAMS en Bologna. Pero en ese mismo instante tuve la sabiduría de Salomón y pude ganarle a la falsa madre en mi. Tuve la conciencia en aquel momento que si le hubiera gritado aquellas plegarias me hubiera convertida en la madre humillada por el hijo nacido ya muerto y a al cual hubiera sido suficiente, para lenir el rencor, la mitad del hijo de la madre aventurera. He sido verdaderamente dichosa: no destroce a mi hijo al demandarle que se estableciera en Palermo en un hogar convencional junto a una bonita esposa, una como Blanca Nieves como en el cuento de hadas descubierta de nuevo por Walt Disney.

Mejor Ernesto vagando por el mundo tratando de capturar la existencia que estar empañado en la banalidad impuesta en el por el ghetto social al que pertenece. Mejor tenerlo como al pequeño niño volante arriba el pato salvaje que viene al auxilio de la madre y le regala todas las joyas robadas a los malos.

Cuando mire el álbum de Ernesto de Guatemala, tuve la distinta impresión que esas imágenes habían capturado la vida misma. En sus manifestaciones más esenciales como el alimentarse, el respirar, el de procrear. En una sola palabra el acto de ser. En cada imagen ya sea que represente a un humano, un perro, una carreta hay conciencia del dolor de la vida. La textura en las piedras, las paredes de la tierra, que son las conexiones de las cosas, se convierten en uno con los sujetos en las fotografías. Las tonalidades de los blancos y los negros están cargadas con la necesidad de sobrevivir. En sus fotos yo veo la cotidianidad y el dolor de la condición humana.

Esto ocurrió dieciséis anos atrás. Ahora que miro a las fotos mas recientes, la cola del ave negro que camina en la pared, aquella del caballo que se vuelve uno con el joven que lo cuida; el velo de la niña que, madre de si misma, juega a ser una novia, me doy cuenta con gozo que que la cotidianidad a persiste y el dolor tiene toda complicidad de una vieja amiga que te urges a pelear y te das animo para seguir adelante con valentía.

He escrito acerca de ser madre, pero me hubiera gustado haber empezado estas reflexiones hablando de Cuba donde estuve recientemente. Porque empezar con Cuba? Porque como Palermo representa un momento importante en su vida. Me tomo tres días en Habana para realizar que había caído, novel Alicia, en la Palermo de mi juventud.

Ahora entiendo como pueden haber incidido en su memoria visual las casas, las calles, las piedras de la pavimentación de la Palermo de mi memoria. El punto de partida de nuestro andar por Palermo era la casa donde vivi mi infancia. Algunas veces sola, tomando Ernesto por la mano, a menudo con mi padre, recorreríamos las calles que daban hacia los viejo barrio Árabes de la Kalsa o de la Albergheria. Le conté de mis juegos de caminantes, le enseñaba tantas pequeñas cosas, le explicaba todo lo que pertenecía a mi niñez. Lo había nombrado Ernesto como su abuelo paterno no solamente porque era la costumbre sino también porque yo sentƒa un lazo muy fuerte con mi suegro, un gran caballero. Cuando lo encontré por ultima vez para darle mi ultimo adiós, un mes y medio después de mi boda, le rogué que viniera dentro de mí, dentro al bebe que había concebido hace algunas semanas.

Ahora estoy segura que Ernesto Bazan senior acogió mi oración. Todas las memorias de Palermo de esta persona callada, culta, sabia y radiante con ironía han traspasado a mi hijo. De que otra forma él podría saber del Palermo de los anos 30 cuando empezó a escribirme que en sus viajes alrededor del mundo algunos lugares le acordaban de Palermo de aquellos años? Luego conoció Cuba y fue una fulminación.

Leticia Russo Bazan




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