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Photography by Ernesto Bazan
  gallerias
Grupo De Poca Madre

En mayo del 2001, durante la ceremonia de premiación del concurso Símbolo de Libertad en Quito, Ecuador hice un llamado para que se hiciera un esfuerzo para mejorar el nivel fotográfico del país.

En mayo del 2002, tuve el privilegio de dictar el primer taller fotográfico ecuatoriano en la ciudad de Guyaquil. Ante de comenzar un nuevo curso de fotografía trato siempre de no tener muchas expectativas para poderme enfrentar a cada estudiante con mucha humildad y sencillez. Doce fotógrafos de distintos medios del país habían sido seleccionados.

La mayoría no había traído portafolios y los pocos que lo tenían enseñaban una calidad fotográfica modesta.

Algunos de ellos, esto lo descubrí durante el transcurso del taller, no tenían su propia cámara fotográfica.

Terminando de analizar el ultimo portafolio dije a mi mismo que había llegado el momento de demostrar como iba a ayudar cada uno de ellos a tomar conciencia que si era posible sacar fotos de mas profundidad y calidad.

Lo primero que le dije fue que respectaba profundamente cada uno de ellos como fotógrafos porque sabia que ser reportero grafico para un periódico o revista es una tarea muy ardua y difícil. Aunque siempre he trabajado como freelance (que también es un oficio difícil), desde mi comienzo he tenido la oportunidad de ver otros colegas luchar contra las abrumadoras fechas de entregas para poder sacar una buena foto.

Le propuse que cada uno escogiera un solo tema y que lo profundizara a lo largo de los diez días del taller. Le dije que yo sabia que no iba a ser fácil, que se iban a cansar los ojos tratando el mismo sujeto por tanto tiempo, pero también le dije que esa era la única manera para poder sacar imágenes con mas grosor fotográfico, fotos que lograran despejarse de la realidad y revelaran la quinta esencia de algunos instantes de nuestra preciosa vida cotidiana.

Daniela, Gianna, Alfredo, Diego, Edoardo, Francisco, Iván, José, Mario, Martín, Patricio y Rodrigo se quedaron mirándome con estupor y incredulidad como si le estaba proponiendo algo del otro mundo. Algunos, tan acostumbrados a tener que fotografiar muchos encargos en un días, inclusive tenían miedo de no ser capaz de poder dedicar tanto tiempo a un solo tema. Sencillamente le dije que si era posible y que tenían que hacerlo si querían estar en el taller.

Gracias a la Fundación del Universo se lograron conseguir los permisos para poder fotografiar algunos lugares de difícil acceso como una cárcel, un hospital psiquiátrico, un hospital infantil, un materno, un pabellón donde uno pacientes con sida tratan de luchar contra la muerte que lo acecha en cada instante. Un fotógrafo decidió fotografiar un grupo de menos validos, otro la vida cotidiana de la 9 de Octubre, una de las calles mas concurrida de Guyaquil y por fin otro decidió documentar la vida cotidiana adentro del cementerio de la ciudad.

A medida que empezaron a llegar las fotos diarias, me sentaba a mirarlas, a discutirlas de forma individual por la mañana y con todo el grupo por la tarde. Ya al tercer día el nivel de sintonía entre todos iba creciendo porque empezábamos después de la larga horas de trabajo a conocernos mejor, a salir junto a comer, a compartir nuestra vida. En los recortes de tiempo libre, me iba con algunos de ellos a fotografiar para poderle enseñar después como yo también cometía una miríada de errores, para hacerle entender que sacar una foto buena de verdad, que me vuelva absolutamente loco no es algo fácil, porque conlleva a la vez rapidez, sensibilidad, ojo y una buena dosis de suerte que la Diosa de la fotografía de vez en cuando nos regala a lo mas impávidos.

Empezamos a ver esta primera joyas fotográfica que se presentan diariamente delante de nuestros ojos. Hubieron momentos de frustración y desesperación cuando no le escogía ninguna foto a ninguno de ellos de los muchos rollos sacado en un día. Pero al final, cuando teníamos mas de sesenta imágenes delante de nosotros, una gran emoción contagiosa se fu difundiendo de forma inesperada. Las mejores fotos que cada uno de los participantes había logrado sacar a lo largo del taller estaban delante de nuestros ojos. Ya no tenia casi que explicar las razones por la cuales me gustaba o no me volvía loco una foto: un coro de voces explicaban, con una nueva propiedad de lenguaje, el porque del éxito o del fracaso de cada foto, la razones sutiles y las matices que junto a algunos elementos secundarios lograban aglutinar una foto y hacerla interesante o mandarla al olvido para siempre.

Como maestro, como profesor creo que fu esa nueva capacidad de cada uno de ellos de leer una fotografía que me dio mas satisfacción. Me dio una gran conmoción ver que el nivel fotográfico de cada alumnos había crecido. Era exactamente por estas razones que yo estaba allá con ellos, era por eso que habíamos compartidos estos días de nuestra vidas.

Fue así que surgió el Grupo De Poca Madre. Su nombre escogido por esta expresión tan divertida del castellán mexicano que Daniela Merino, mi alumna preferida como ella misma se proclamo, utilizaba muy a menudo para describir una foto buena.

Le doy la gracias a todos para haberme regalado emociones y recuerdos inolvidables.
Y recuérdense siempre que la mayoría de las fotos me gustan pero muy, muy pocas me vuelven loco.

Bazante (mi nuevo apellido que también me dio Daniela)







© Gianna Benalcazar







© Gianna Benalcazar







© Francisco Bravo







© Francisco Bravo







© Rodrigo Buendia







© Rodrigo Buendia







© Alfredo Cardenas







© Alfredo Cardenas







© Mario Fausto







© Mario Fausto







© Diego Granja







© Diego Granja







© Martin Herrera







© Martin Herrera







© Daniela Merino







© Daniela Merino







© Ivan navarrete







© Ivan Navarrete







© Jose Sanchez







© Jose Sanchez







© Eduardo Tapia







© Eduardo Tapia







© Patricio teran







© Patricio Teran






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