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Photography by Ernesto Bazan
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Pepe

Realmente me emociona escribir la introducción de estos diez días increíbles de aventura. Fue uno de los mejores lugares en cuanto a condiciones para fotografiar que mis estudiantes y yo hemos tenido en mucho tiempo. Este taller de Iquitos ha abierto una ventana enorme de posibilidades, tanto para mi trabajo como fotógrafo como para el de maestro. Me encanta llegar a un lugar pleno de momentos de vida cotidiana y poder merodear libremente con mi cámara sin preguntarle nada a nadie, ni tener a gente que pide dinero o que se esconde porque no quiere ser fotografiado. ¡Éramos los reyes! Nadie nos prestaba atención, y cuando lo hacían era de manera relajada y abierta. Por momentos, mis estudiantes y yo nos mirábamos asombrados, y prácticamente nos decíamos al mismo tiempo: “¡Este lugar es increíble!”. Ciertamente lo era.

Cada día salíamos a explorar el lugar, llevados por nuestros chóferes de mototaxi que también hacían las veces de guardaespaldas. Tomamos fotos de vecindarios asentados sobre ríos, de puertos con estibadores empeñosos que incansablemente como hormigas continuaban cargado y descargando todo tipo de mercancía de las embarcaciones, a tribus nativas que nos mostraban como a turistas sus danzas y costumbres de lo que alguna vez fue su cultura, y a animales que encontrábamos por doquier.

Los últimos jugaron un papel protagónico en este taller. Eran animales salvajes rescatados en un albergue en medio de las cochas del río Amazonas, en donde los protegen de cazadores furtivos. Pepe, un mono maquisapa que parecía humano se convirtió de repente en nuestro héroe, decidimos que el grupo lleve su nombre. Al principio estábamos fascinados tomándole fotos a Pepe, unos minutos después todos corríamos huyendo de él porque empezó a tener una actitud un poco agresiva, aunque juguetona. Su hobby era jalarle el cabello a las personas, el único que se salvaba era nuestro querido Garry, que lleva la cabeza afeitada. Aunque Pepe aterrizó más de una vez encima de su desnuda cabeza.

Los dos días de aventura en el Amazonas también fueron bastante especiales. El paseo en bote por el río fue increíble y nos dio una mejor idea de lo vasto y majestuoso del paisaje amazónico y de la gente que lo habita. La visita por el bosque también fue una experiencia increíble de aprendizaje de la capacidad de adaptación de la naturaleza a su entorno.

Luego de las previsibles dificultades de adecuarnos a ese ambiente poco usual para todos nosotros, cada fotógrafo y fotógrafa descubrió su propia manera de enfocar la realidad. Cada uno de los estudiantes abordó su trabajo fotográfico de una forma muy personal y asombrosa. Lo que me gusta más de cada grupo de imágenes es que son bien personales, cada uno al mismo tiempo deja entrever no solo su visión sino también la relación que entabló con sus retratados. Mirando las imágenes de Birgit, Boca Pequeña, Garry y Juan Carlos y leyendo sus comentarios entenderán a lo que me refiero. ¡Que se repita!

EB

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