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Photography by Ernesto Bazan
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Woah!

¡Por el décimo año consecutivo en el Cuzco, el destino quiso que solamente Justin Meredith viniera, y solo él!, No tuve duda u hesitación, sabiendo que para mi ser maestro es una misión.
Siento que será muy especial encontrarlo, guiarlo entre estas montañas y esta gente sencilla que continua viviendo siguiendo tradiciones traspasada por siglos. Se que le ayudaré a refinar su manera de mirar la vida. Tener un solo estudiante me dará la oportunidad de continuar a subir por los montes en búsqueda de rebaños de llamas pastando ininterrumpido mientras los campesinos están sembrando papas. Paramos y hablamos con ellos. Nos cuentan que demorará siete largo meses para poderlas cosechar. Intentamos fotografiar este ritual que consiste en colocar el sembrío sobre la tierra donde manos sabias las esparzan con abono ante que una junta de buey les eche otra tierra por arriba. Los campesinos están divertidos y sorprendidos sobre nuestra presencia y nos invitan a guiar los toros. Yo le saco fotos a Justin, y él me saca a mi. Los campesinos nos invitan a compartir su comida. Justin me mira y de la expresión de mi rostro intuye que así tiene que ser.
Un niño juega con su abuelo mientras su perro sigue rodeándoles. Su madre le da unas cucharadas de sopa mientras él continua corriendo hasta terminar entre los brazos de su abuelo que por fin lo agarra y lo sienta en su regazo. La expresión de absoluta felicidad del niño alegra nuestros corazones. Cada vez que Justin ve algo inusual dice: "Woah." Sonrío y nos damos cuenta que éste debe ser el nombre de nuestro grupo.
Es un taller lleno de aventuras, lleno de momentos fotográficos. Nunca olvidaremos aquel pueblo donde creyeron equivocadamente que éramos los representantes de una mina extranjera. ¡Woah! En este caso seguro que es muy apropiado. Durante la cena, nos morimos de la risa cuando volvemos a revivir aquel momento cuando, de repente, nos vimos rodeados por una veintena de campesinos sospechosos y amenazantes. Walter, nuestro chofer, que hablaba perfectamente el quechua, nos salvó. Es nuestro ángel. nuestro héroe. Al final, logra explicarles que estamos ahí con otras intenciones. Me invitan a ser el padrino de un bebé el próximo año. Después del incidente, decido subir con mucha fe y determinación los últimos mil metros que me separan del resto de la montaña donde puedo deslumbrar las siluetas de los llamas alejados. Siento fuertemente que necesito llegar hasta la cumbre. Mis ojos se pierden en el infinito. Me arrodillo y miro hacia el cielo y doy la gracias por los días extraordinarios que hemos tenido el privilegio de vivir.
Es increíble ver el crecimiento diario de Justin, su habilidad de lentamente entrar en sintonía con la gente y los parajes.
Cada día nos preguntamos mutuamente cuales han sido las cosas que nos han impactado mayormente, que nos han conmovido y inspirado más. Cada mañana Justin me muestra su selección. Cada día es capaz de conseguir un par de buenas fotografías.
De regreso a Lima, después de un inolvidable ceviche, procedimos con la edición final. Estoy muy contento, estamos contentos de esta experiencia tan reveladora, y por las imágenes de mi único estudiante, las fotografías de Justin.
Unos meses después en Nueva York, me vuelvo a encontrar con él y con su esposa Kirsten. Durante la cena, ella me comenta que se puso a llorar cuando vio las fotos de su esposo por primera vez. Sonrío y entiendo perfectamente que quiere decir. Mirándolas, quizá, sentirán la misma energía que llevan por dentro.

EB

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